Te invito a participar

¿El paro tiene solución? ¡Estoy convencido de que sí la tiene! ¿Y tú?...

Ante el pesimismo generalizado que ha empapado el ánimo de nuestra castigada sociedad, necesitamos desenfundar nuestra mejor arma: la imaginación. 
En los años 80 ya nos decía el brillante pensador Luis Racionero que el paro no es un problema técnico o industrial, sino filosófico. Estoy completamente de acuerdo. Para eliminar el desempleo (no voluntario) hay que provocar a nuestra imaginación y generar un diálogo productivo, sólo aunando así nuestras fuerzas conseguiremos vencer al monstruo del paro. 

Este blog aporta una solución que pasa por compartir el tiempo de trabajo y compartir los frutos, propuesta que no sólo reduce drásticamente el desempleo, sino que además aporta unos beneficios sociales inmensos: más tiempo de ocio, menos delincuencia, menos trastornos físicos y psíquicos, menos violencia doméstica... Esta propuesta la encontrarás con algo más de detalle en la pestaña de este blog titulada "Compartir el esfuerzo, compartir los frutos", en el que estás invitado a participar con tus reflexiones para así enriquecerla. ¡Te invito a participar!

Todas tus ideas, sugerencias y críticas argumentadas serán bienvenidas y son absolutamente imprescindibles para que este espacio consiga el objetivo que se propone: encontrar, a través del diálogo, solución al drama del paro. 

¡Manos a la obra! 

En manos de la TECNOESTRUCTURA

En ocasiones intento provocar el debate entre mis alumnos con cuestiones como: “¿Quién creéis que es la persona más poderosa del mundo?”. Siempre se menciona al presidente de EE.UU.  aunque es interesante ver cómo algunos revelan sus simpatías, sus inquietudes o hasta sus fanatismos (¿por qué no?) citando a políticos, líderes religiosos, multimillonarios e incluso a futbolistas. Voy anotando en la pizarra sus aportaciones, no sólo al personaje citado, también el argumento que, presumiblemente, le otorga el poder.
Cuando aprecio que va decayendo el debate, suelto otro torpedo: “¿Quién creéis que tiene más poder en España: el presidente del gobierno o la familia Botín?”. Entonces tengo que aclarar que Don Emilio es presidente del Banco Santander, su hermano  Don Jaime presidente de Bankinter hasta hace bien poco, Doña Ana Patricia (hija de Don Emilio) ha sido hasta hace poco presidente de Banesto y actualmente consejera delegada de una filial del Grupo Santander en el extranjero, y Don Alfonso (hijo de Don Jaime) es vicepresidente de Bankinter. Tras esta aclaración suelen dibujar en sus rostros expresiones de asombro, y, una vez superado el impacto, arremeten unos con otros mostrando sus pareceres en un debate que intento transcurra dentro de los cauces del respeto, lo que no siempre me resulta fácil pues en la TV suelen emitir debates que son todo menos moderados, principalmente los de los programas mal llamados “del corazón”, que se podían rebautizar como “del hígado”, o mejor, “de los intestinos”.
Poco a poco van llegando ellos mismos a la conclusión de que la faceta económica de nuestra sociedad supera con creces a la ideológica o la política, entonces les hablo de Standard & Poor’s, de Moody’s y de Fitch… ¿Qué quiénes son estos señores? No, no son señores, son empresas privadas que se dedican a analizar y evaluar los riesgos de la deuda emitida por las empresas. Así, cuando un ahorrador decide comprar obligaciones (títulos de deuda) de Telefónica, de Lehman Brothers o de Nueva Rumasa, por ejemplo, querrá saber qué garantías existen de recuperar el dinero invertido y los intereses prometidos en importe y plazo. Si no somos expertos analistas de empresas y finanzas, podemos confiar en la calificación que a estas empresas les dan las mencionadas agencias: Standard & Poor’s, Moody’s o Fitch. Si la calificación es baja no compraremos esa deuda o bien exigiremos mayores intereses para premiar el mayor riesgo al que nos enfrentamos. Y a estas agencias les ha dado por ampliar su cobertura a la deuda de los países y, basándose en intereses privados, están provocando verdaderos terremotos públicos. ¿Por qué digo esto? Países como Grecia y España han gastado mucho dinero para intentar reducir los efectos negativos de la recesión económica que vivimos, y al gastar más dinero del que tenían, como cualquier hijo de vecino han tenido que pedir prestado, lo que supone contraer la obligación de devolver el capital más los intereses. Pues bien, gracias a la intervención de estas agencias privadas, que han calificado como de baja calidad la deuda de Grecia y España (o sea, que el inversor corre un riesgo alto de no recuperar lo invertido) estos países se ven obligados a prometer intereses más altos al pedir más dinero prestado, lo cual castiga aún más el déficit y por tanto a todos nosotros, los ciudadanos de a pie. 


Una vez entendido lo anterior, volvemos a nuestro debate: ¿son más poderosos los que toman decisiones en Standard & Poor’s o los que toman decisiones en el BancoCentral Europeo? Bueno si el poder lo medimos en términos de influencia, muchos pensaremos que los “personajes de la tecnoestructura” superan con mucho el poder de los políticos…
¡Perdón! Se ha deslizado un término sin aclaración previa: “tecnoestructura”. ¿Quiénes son personajes de la tecnoestructura? Pues son hombres y mujeres con traje gris, gafotas, muy astutos, profesionales altamente cualificados que se mueven en la sombra para beneficio de intereses privados, suyo y de las corporaciones que ellos administran. La “Tecnoestructura” es un término que inventa John Keneth Galbraith y que componen estos poderosos economistas, juristas, abogados, financieros, publicistas… personas que dirigen grandes empresas en las que la propiedad y la gestión están claramente separadas. Por el mero hecho de comprar acciones de Telefónica ya me he convertido en propietario, pero ¿eso me proporciona los conocimientos suficientes para entender el negocio de la empresa? Obviamente no. Los que dirigen la compañía son profesionales de la dirección, y cada uno en su ámbito toma decisiones que beneficien su posición y la de la compañía en la que trabajan. Son decisiones con tanta influencia en el entorno que se convierten en “personajes de la tecnoestructura”, los que realmente manejan los hilos de nuestra sociedad.
JoséLuis Sampedro, el “sabio”, en una de sus interesantísimas obras divulgadoras de su inmensa sabiduría, El mercado y laGlobalización, nos da a entender que vivimos en un mundo globalizado, sí, pero según y cómo: resulta que en este mundo vemos que el dinero efectivamente puede circular con una agilidad inmensa (podemos hacer llegar dinero de un sitio a otro del mundo con enorme facilidad), no ocurre lo mismo con las mercancías, sujetas a más controles y trabas que el dinero, y no digamos con las personas… ¿pueden las personas circular libremente por el mundo como lo hace el dinero? Si esto fuera cierto no habría pateras, por ejemplo. ¿Y por qué el dinero ha conseguido un status que no disfrutan ni mercancías ni personas? Porque es lo que interesa a los dirigentes de la tecnoestructura para realizar sus negocios, pagar menos impuestos, deslocalizar sus empresas… La tecnoestructura impone sus reglas como más le conviene.
Y llegados a este punto, introduzco una reflexión muy personal, una contradicción flagrante de nuestro sistema económico-político: siendo el paro el problema más grave de nuestra sociedad (así lo creemos la mayoría de los españoles), resulta que las prioridades de los gobernantes parecen centrarse en otros aspectos para, de forma indirecta, crear empleo. Es prioritario controlar la inflación (por eso el Banco Central Europeo no baja los tipos de interés), sanear el sistema financiero (o mejor dicho, a los intermediarios financieros, a los que ayudamos con inmensas inyecciones de dinero a salir del agujero que se han metido por realizar prácticas especulativas), controlar los déficits públicos y sanear la deuda pública (es un círculo vicioso, pues los bancos compraron gran parte de la deuda pública de “baja calidad”, así que ayudamos a los bancos para que estos ayuden a los gobiernos con problemas de liquidez, vamos que ponemos dinero para todos los personajes de la tecnoestructura), realizar reformas laborales que "mimen" a las empresas (trabajar más, ganando menos, aumentando la productividad so pena de despido procedente con menor indemnización)... Se supone que después de abordar todas esas cuestiones el paro se arreglará solo. ¿Creéis que es así? Bueno, yo creo que no les falta razón, todas esas “prioridades” no deben ser descuidadas, claro, pero lo que quiero decir es que tal vez se puede hacer ya algo más por crear empleo sin tener que esperar que las demás prioridades se solucionen.
Acabar con el poder de estos “hombres grises” es una utopía, no sé si podemos aspirar a tanto. Sin embargo un movimiento popular como el del 15-M en España les ha dado un buen susto… ¿mira que si se unen estos “desheredados” y dificultan nuestros negocios? Bien, pues señores de la tecnoestructura, a Vds. me dirijo: ¡eliminar el paro es posible! Y en vez de apelar a su altruismo, apelo a su egoísmo matizando que no sólo es posible, sino que es beneficioso para Vds. también. Repasen la lista de beneficios económicos derivados de poner en práctica la propuesta principal de este blog y encontrarán un aumento importante del consumo interno, de los impuestos directos e indirectos, disminución del absentismo, de la siniestralidad laboral, aumento de la inversión extranjera…
El debate llega a su fin. Hemos tenido que poner orden en muchos momentos porque era tanta la trascendencia de los asuntos discutidos que era muy fácil irse por las ramas. Pero ya nos vamos, y lo hacemos con una idea común: es necesario abordar el problema de desempleo de forma directa, con propuestas valientes e imaginativas como la que se plantea en este blog. Si no se está haciendo así es porque, de momento, a los personajes de la tecnoestructura no les ha interesado, porque no se habían percatado de que también a ellos les beneficia… Abandonamos pues el debate con optimismo: el momento de eliminar el paro ha llegado, y si la tecnoestructura es tan obtusa de no poner manos a la obra, lo haremos los “desheredados”, uniéndonos en un “poder compensador”, tal y como nos señalaba Galbraith.
Eliminar el paro ES POSIBLE… aunque la tecnoestructura no se lo crea.