Por la necesidad de compatibilizar la creación de empleo con un objetivo de "crecimiento cero"

  En pocas cuestiones se puede encontrar hoy día mayor consenso entre los ciudadanos españoles: “el problema más grave que vivimos es el paro”. Y la práctica unanimidad en esta opinión se cuece en  la cotidianeidad, esto es, en que a la inmensa mayoría nos alcanza la “mano negra” del desempleo, ya sea porque lo sufrimos en primera persona, porque tenemos algún familiar viviendo una situación desesperada o porque contemplamos con preocupación la enorme dificultad de nuestros hijos para encontrar empleo, por mucha formación que hayan recibido. 

   El problema es tan grave y se alzan tantas voces para denunciarlo que hasta los políticos han llegado los ecos y, claro, no han tenido más remedio que ponerse manos a la obra. Que nadie se engañe, el principal objetivo de un partido político es acceder al poder y mantenerse en él, por definición. Pero para conseguirlo es necesario atraer el mayor numero posible de simpatizantes y es por esto que han escuchado los ecos de la preocupación por el desempleo: no es que estén preocupados por los ciudadanos, lo están por mantenerse en el poder. 

   Bueno, sea cual sea el motivo, se muestran decididos a actuar y nos anuncian una serie de medidas para crear un buen montón de puestos de trabajo en muy poco tiempo, entre ellas una nueva reforma laboral que se llevará a cabo con o sin consenso de los colectivos implicados, como la anterior. ¿Tenemos motivos para confiar en la bondad de estas medidas? Mi humilde opinión es que no, que en ningún caso nos conducirán a un escenario económico y social satisfactorio porque ninguna de las medidas que se han propuesto compatibiliza la creación de empleo con el crecimiento cero

   ¡Ojo!, no es pesimismo, estoy convencido de que se puede alcanzar un escenario satisfactorio, pero insisto, no con las acciones que se están proponiendo para conseguirlo. 

   Me explico. Si no confío en las medidas propuestas, es porque todas ellas parten de la hipótesis de que para crear empleo es necesario aumentar la producción. Tirando de este hilo, nos encontramos con que podemos llegar a dos escenarios posibles:
  1.  Primer escenario: las medidas no tienen el éxito esperado y no se crean tantos puestos de trabajo como se necesitan. Reducir el desempleo, pongamos un ejemplo, del 20 % al 10 % sería un logro importante, pero no suficiente. Así pues, el primer escenario posible no es satisfactorio.   
  2. Segundo escenario: las acciones puestas en práctica consiguen aumentar tanto la producción que se crean tantos empleos como se necesitan. En esta situación nos encontramos con que el paro se ha resuelto, pero ¿a costa de qué? Pues fácil, a costa de una producción excesiva, lo que se denomina una sobreproducción, que acarrearía problemas muy graves: agotamiento de recursos, conflictos políticos y armados por esos recursos, principalmente los energéticos, estrategias empresariales agresivas para hacerse con nuevos mercados y despilfarradoras como la obsolescencia programada, deterioro acelerado del medio ambiente… En resumen, nos quitamos de encima el problema del paro y nos echamos a la espalda otros tan graves o más. De nuevo un escenario poco satisfactorio.
   Es una pena, este segundo escenario empezó bien, eliminando el paro, pero acabó mal por culpa de la sobreproducción. La pregunta entonces es: ¿se puede eliminar el paro sin provocar sobreproducción? Mi opinión es que sí, y la clave está en compartir el tiempo de trabajo, así trabajamos todos pero no producimos más. 

   Claro que, si no producimos más, tendremos que plantearnos si con lo que estamos produciendo ahora mismo hay suficiente para que todos vivamos bien. ¿Tenemos suficiente? Estoy seguro de que la mayoría sospechamos que sí, que hay suficiente para todos y que de lo que carecemos es de un sistema de distribución más igualitario. 

   Al compartir el tiempo de trabajo, las horas globales dedicadas a la producción serían las mismas, dicho de otra forma, no se produciría más (un respiro para el planeta) y, por otra parte, se compartirían también las rentas, esto es, los frutos del factor trabajo. De esta forma, eliminamos el paro, evitamos la sobreproducción y conseguimos además una distribución de la renta más igualitaria. ¿Se puede pedir más? Bueno, lo cierto es que sí: sería deseable que medidas de este tipo no perjudicasen la iniciativa emprendedora, que las empresas no vieran aumentados sus costes (y por tanto sus beneficios), que los trabajadores no vean reducido su salario por compartir el tiempo de trabajo, que el Estado del Bienestar no se resienta y pueda seguir financiando determinados costes sociales que hoy día nos parecen imprescindibles…Y en este sentido sí me muestro optimista, sí existen soluciones factibles para todas estas demandas, habrá que ver si, además hay espacio para debatirlas, depurarlas y consensuarlas antes de llevarlas a la práctica, espero que sí.

   En resumen: eliminar el paro ES POSIBLE trabajando menos, y llegar a esta situación sólo es plenamente satisfactoria si la compaginamos con un objetivo de crecimiento cero, más verde y más justo.

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