J. M. Keynes ya se habría puesto manos a la obra

-    Lord Keynes, me gustaría mostrarle algunos datos .
-    Of course. Pero, permítame que antes me sirva una taza de té ¿Me acompaña usted? Que al calor de esta bendita infusión las cosas se ven de otra manera.
-    Ya, pues no sé yo, tal vez necesite un aporte extra... ¿Qué tal un chorrito de “jerez”? 


Fuente: Instituto Nacional de Estadística. E.P.A.



La brillante mirada del fantasma de Keynes apenas tuvo que dedicar unos segundos a estos datos para mostrar una mueca de desagrado. Interrumpí su ensimismamiento:
-    Vea usted que en apenas cinco años el desempleo ha crecido de forma desorbitada. En algunas regiones como Málaga, donde yo vivo, se ha multiplicado por tres. Si ya era grave un 10 % de paro, no digamos un 32 %... Señor, estas cifras ¿no le recuerdan la Gran Depresión?
-    Sí, sí, al menos en términos de desempleo estas cifras son escandalosas. La etapa que usted llama Gran Depresión supuso una verdadera hecatombe económica y social, fue un periodo nefasto en el que se perdió (o se dejó de producir) tanto como se destruyó en las dos guerras mundiales juntas y el paro en USA, por ejemplo, llegó también a cifras muy parecidas a las que me presenta en esta tabla. Pero de las malas situaciones se debe aprender ¿No cree? 
-    Desde luego, señor Keynes, aunque yo matizaría, si no le importa, que fue usted quien nos enseñó: vivir en aquella época espoleó su ingenio para aportarnos soluciones, revolucionó el pensamiento económico y nos dio recetas para evitar otra Gran Depresión. Esas recetas han sido determinantes para que hayamos vivido en la segunda mitad del siglo XX una etapa de prosperidad sin precedentes en la historia humana.
-    Gracias, amigo, no me veo yo tan determinante. Si inventamos un sistema económico “mixto” fue porque el sistema de mercado (liberal) adolecía de graves defectos, entre ellos la inestabilidad cíclica y una muy desigual distribución de la renta, pero me temo que en estos aspectos no se ha avanzado mucho y es una pena, porque son ustedes tan ricos…
-    Algunos, milord, algunos.
-    You’re right. Lo expresaré de otra forma: son ustedes capaces de producir tanta riqueza… que resulta indignante que haya tantas personas pasándolo tan mal. ¿A qué han dedicado el importante aumento de productividad que han conseguido en los últimos 70 años?
-    Yo diría que a hacer más ricos a los componentes de la “tecnoestructura” (ejecutivos de grandes empresas, corporaciones, multinacionales y entidades financieras).
-    Pues tal vez ha llegado la hora de compartir el trabajo y de compartir también los frutos del trabajo.
-    ¡Dios le oiga! ¿Desea otra taza de té, milord?
John Maynard Keynes fue un hombre de su tiempo. Reaccionó ante la dramática situación económica y social que se vivía entonces, fundó la macroeconomía moderna, asesoró al Banco de Inglaterra y a diversos jefes de estado, participó en la fundación de organismos internacionales esenciales hoy día… ¡Reaccionó! Anunciaba entonces que sobre el año 2030 nos bastaría trabajar tres horas al día para producir lo suficiente como para alcanzar una vida “buena”, plena, una calidad de vida más que aceptable. ¡Ay! Si Keynes levantara la cabeza…

Los malditos ciclos


Los ciclos económicos han existido siempre, que yo sepa desde que el faraón le pidió a José que interpretara sus sueños, y éste le habló de un periodo de vacas gordas (de expansión económica) seguido de otro de vacas flacas (de recesión económica). Entonces el precavido faraón decidió “no comérselo todo” en la época de abundancia, sacrificar un poco de consumo y placer esos años, y así reservar recursos para la época de carencia. La medida funcionó y los egipcios no pasaron calamidades en ese periodo de vacas flacas. Sí, sí, yo también habría votado a este faraón.
A los economistas esto de los ciclos nos trae de cabeza: contamos ya con sesudas teorías que, más o menos, los explican, ciclos largos, cortos, del capital, de Kondratieff, de Juglar… pero no contamos aún con herramientas que los predigan con certeza. Así pues, si estamos viviendo una recesión, sabemos que, inevitablemente, el futuro nos reserva una expansión, aunque no sepamos cuándo; esto ¿podría tranquilizarnos un poquito? Tal vez…
Claro que hay otra lectura: cuando vivíamos la fase de expansión también sabíamos que, inevitablemente, se produciría una recesión, entonces ¿por qué no nos hemos preparado para ella, como hizo el faraón? ¿Por qué no hemos guardado parte de las abundantes cosechas obtenidas en el periodo de “vacas gordas” para utilizarlas ahora, durante el periodo de “vacas flacas”, y así aliviar nuestras penurias actuales?
Una de las exigencias que se auto-imponen los países de la Unión Europea es la de limitar el déficit público a un máximo del 3 % del PIB, previendo unas sanciones económicas a aquellos que incumplan este pacto de estabilidad. Sin embargo, cuando entramos en recesión, los gobiernos intentaron suavizarla aplicando medidas keynesianas, esto es, gastando mucho dinero público para así compensar la disminución del consumo privado. Tanto dinero gastaron que estamos ahora en la que estamos, la denominada “crisis de deuda de los países del euro”: el déficit público de la zona euro se situó en un 6% del PIB en 2010. Los países que alcanzaron mayor déficit fueron Irlanda (32,4 % de su PIB), Grecia (10,5 %), España (9,2 %) y Portugal (9,1 %) y más que sanciones tuvieron que contar con ayuda financiera (Fuente EUROSTAT). Los liberales comentan (y no les falta razón) que la calidad de ese gasto no es comparable a la del gasto privado, pues no ha generado crecimiento ni empleo, y además nos encontramos ahora con que hay que devolver lo que nos han prestado junto con intereses, una losa muy pesada cuando aún no estamos generando riqueza.
En consecuencia, nuestras penurias propias de una recesión (poca producción y poco empleo) se ven agravadas porque el Sector Público está endeudado hasta las cejas, sin que esta deuda haya aliviado claramente la situación y, en vez de ayudar a salir del bache nos pone más obstáculos como esta nueva y traicionera medida de subir los impuestos: quedan patente sus prioridades, señores del gobierno: al subir impuestos tendremos más ingresos y así podremos devolver a nuestros bancos el dinero que nos ha prestado más los intereses (dinero que previamente les concedimos generosamente para “sanear” el sistema financiero, decían), pero, por el contrario, al subir impuestos, estamos reduciendo el consumo interno y, por tanto, reduciendo la creación de empleo y riqueza, que, según Vds., es la máxima prioridad.
Pero he dejado sin responder una pregunta: ¿por qué no hemos guardado algunos recursos en la etapa de expansión para utilizarlos ahora en la de recesión? Yo diría que hay dos motivos principales:
1.       Está “mal visto” por la ciudadanía un superávit público en un estado del bienestar. Si el Sector Público ha tenido más ingresos que gastos, los ciudadanos exigirán que ese dinero se dedique a muchas cuestiones importantes-urgentes sin resolver: más camas hospitalarias, más juzgados, más maestros…
2.       Predomina la tendencia neoliberal a mantener el presupuesto equilibrado, de ahí el pacto de estabilidad de la Unión Europea. Algunos pensamos que habría que retocarlo y prever que en épocas de expansión puedan producirse superávits elevados que compensen el aumento del gasto y, por tanto, los elevados déficits públicos de las épocas de recesión.
Podría apuntar también a una gestión inadecuada de los recursos públicos, que también creo que se ha producido, pero eso ya es otra historia que espero nos cuente algún día nuestro sabio faraón.