¿Qué hace una reforma laboral como tú en un sitio como este?


En una coyuntura de elevadísimo paro como la que vivimos se nos impone unilateralmente una reforma laboral con el argumento de la urgencia. Está por ver el coste que supondrá sacar adelante esta ley sin haber consensuado (ni siquiera consultado) previamente su contenido, aunque es de temer que el coste sea muy elevado y que los conflictos con agentes sociales en desacuerdo deriven incluso en una huelga general, un último recurso nunca deseable y siempre muy caro.
Pero además de esta falta de diálogo y consenso con todos los agentes involucrados, cabe preguntarse si esta reforma laboral creará o no empleo, al fin y al cabo, este es el objetivo fundamental, nos dicen. Y, sinceramente, creo que esta ley no va a propiciar la creación de empleo. Baso esta opinión en el convencimiento de que la escasez de demanda de trabajo por parte de las empresas no es como consecuencia de algún tipo de desajuste en el mercado de trabajo, sino de una falta de negocio derivado de una notable disminución del consumo privado fundamentalmente.
¿Cuándo se decide un empresario a contratar a un trabajador? Sencillamente cuando los ingresos que le proporciona su trabajo en la empresa superan a los costes de contratarlo. En una empresa los trabajadores, tarde o temprano, dejamos de ser individuos para convertirnos en números, y si los números salen, es decir, si somos rentables, entonces entramos, y si no, salimos.
Pero esta sencilla ecuación tiene dos “patas” y, ¡ojo!, estirarla sólo desde el lado de los costes presentaría claros daños colaterales. Me explico:
  • Reducir el nivel salarial es una forma de abaratar costes, cierto, pero no generará empleo porque también afecta a la otra “pata” de la ecuación anterior: si disminuyen las rentas salariales, decrece el consumo privado y, con él, los ingresos de las empresas. Resultado: no se crea empleo.
  • Reducir las indemnizaciones por despido procedente también merece unas consideraciones análogas a las argumentadas en el párrafo anterior, con los mismos efectos perjudiciales descritos antes.
  • La amplia variedad de bonificaciones existentes para la también amplia diversidad de tipos de contrato, debe tener como único objetivo favorecer la incorporación al mundo laboral de determinados colectivos especialmente castigados por el desempleo. Utilizar esta herramienta con el propósito de crear empleo lo único que hace es enturbiar el mercado de trabajo, desincentivar a las empresas en la mejora de su competitividad y percutir gravemente en el gasto público, lo que de nuevo, al no invertir estos recursos en tareas productivas, reduce los ingresos de las empresas y por tanto no hay estímulos para la creación de empleo.
¿Por qué no meter mano en la reducción de otros costes empresariales que no repercutan directamente en su demanda? Por ejemplo, bienvenidas serían reducciones en la factura energética, en trámites administrativos, en impuestos y tasas, en el acceso a la tecnología... Hay mucho margen de actuación como para incidir de esta forma en la legislación laboral, retrocediendo unos cuantos pasos en los derechos de los trabajadores, y confiar ingenuamente en que esto propiciará la creación de empleo.
Las causas del elevado desempleo subsisten en los mercados de bienes y servicios, por tanto, esta reforma del mercado laboral no será efectiva y puede que incluso agudice el problema. Insisto, empobrecer las rentas salariales no va a servir para reactivar la economía, generar negocio y aumentar los ingresos de las empresas, factores imprescindibles para salir de la situación de paro que sufrimos.
Compartir el tiempo de trabajo sí es solución, una solución posible, pues no sólo reduce drásticamente el desempleo, el objetivo principal, sino que anima el consumo interno favoreciendo el cambio de tendencia del ciclo económico y estimulando aún más la creación de empleo. Cada vez me parece más imprescindible el debate, al menos, de esta idea, no vaya a ser que el ejército de parados rompa el cascarón de la pasividad y dé un puñetazo en la mesa, entonces de la mesa no quedará un trocito más grande que un grano de arena.

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