Presentación de la propuesta en la agrupación del PSOE en Torremolinos

   El jueves 15 de noviembre, la agrupacn del PSOE en Torremolinos organizó un taller monográfico sobre la propuesta y el libro objeto de este blog: "Eliminar el paro ES POSIBLE trabajando menos". 
   La propuesta tuvo una gran acogida y el taller resutó muy animado, gracias principalmente a la enriquecedora participación de los asistentes, grandes personas (ahora buenos amigos) preocupadas por el dramático cariz del desempleo en nuestro país, inquietas y con plena disposición a encontrar alternativas con las que afrontar este enorme problema. 
   En un momento en que da la sensación de que, si salimos de la crisis será con nuevas ideas y con un nuevo orden económico y social, muchos pensamos que no deberíamos dejar que ese nuevo orden se construya y se imponga desde los despachos de Bruselas, Berlín, Washington o las grandes corporaciones industriales y financieras; deberíamos ¡ya! construir nuestras alternativas y hacernos oír, encontrar el espacio para aportar nuestras propias ideas y soluciones a los problemas que sufrimos nosotros, los ciudadanos de a pie, más que nadie. Talleres como este permitan abundar en esta idea.


   Esta experiencia renueva la ilusión por la política de este humilde autor. Es muy gratificante observar la energía, el esfuerzo, la inquietud y la formación de las personas que componen la agrupación del PSOE en Torremolinos. Todos salimos con la ilusionante idea de que acabamos de empezar a "dar la lata", que esta propuesta aún tiene que encontrar cada vez más espacios para su debate y verse enriquecida en cada ocasión con nuevas aportaciones hasta terminar siendo una realidad. 

   ¡Gracias!

Del rico que fue a la basura por recortar sin mesura


DEL RICO QUE FUE A LA BASURA
POR RECORTAR SIN MESURA
Un próspero comerciante de Vetusta le debía su pequeña fortuna a su buen ojo para los negocios y a un animal, el burro que utilizaba para transportar la mercancía que compraba y vendía aquí y allá, recorriendo todos los pueblos de la comarca.
Pero un mal día disminuyeron las ventas y el comerciante pensó que para mantener los mismos beneficios era imprescindible recortar gastos. Paulatinamente fue reduciendo la ración de comida de su burro, un poquito menos cada día. Pensaba el astuto comerciante que el animal se habituaría a cualquier dosis, pues para eso era un animal de costumbres. Llegó el momento en que al burro no le daba nada de comer, sólo agua; el comerciante estaba muy contento y orgulloso de su sabiduría, pero el burro, aunque era muy burro, a los siete días se murió.
Desde ese aciago día el comerciante no levanta cabeza, ha consumido su riqueza y no cuenta con otro burro que pueda hacerle rico de nuevo. Aún se le puede ver deambular por Vetusta y se le puede oír lamentándose por las esquinas: “Hay que ver, qué mala suerte, después de que le había enseñado a vivir sin comer, va el burro y se muere”.